Rol y academia

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jueves, 21 de agosto de 2014

Tipología de la investigación científica

por Ramón Ramírez Ibarra, PhD.

Introducción

Desde el punto de vista puramente científico, la investigación es un proceso metódico y sistemático dirigido a la solución de problemas o preguntas específicas, mediante la producción de nuevos conocimientos, los cuales constituyen la solución o respuesta a dichos problemas y preguntas. 
Dado que esta problemática requiere diferentes formas y perspectivas de acuerdo al problema y objetivo de estudio,  la investigación científica puede ser de varios tipos y se puede clasificar de distintas maneras, sin embargo, es común hacerlo en función de su niveldiseño y propósito
Sin embargo, dada la naturaleza compleja de los fenómenos estudiados, por lo general, para abordarlos es necesario aplicar no uno, sino una mezcla de diferentes tipos de investigación. De hecho, es común hallar investigaciones que son simultáneamente descriptivas y transversales, por solo mencionar un caso entre muchos.


Un criterio muy conocido entre los metodólogos, es el nivel de investigación; este se refiere al grado de profundidad con que se aborda un fenómeno u objeto de estudio. En función de su nivel el tipo de investigación puede clasificarse en:

Estudio Exploratorio.
Se efectúa sobre un tema u objeto desconocido o poco estudiado, por lo que sus resultados constituyen una visión aproximada de dicho objeto, es decir, un nivel superficial de conocimiento. Su función es:
a) Dirigida a la formulación más precisa de un problema de investigación, dado que se carece de información suficiente y de conocimiento previos del objeto de estudio, resulta lógico que la formulación inicial del problema sea imprecisa.
b) La función de la investigación exploratoria es descubrir las bases y recabar información que permita como resultado del estudio, la formulación de una hipótesis.
Las investigaciones exploratorias son útiles por cuanto sirve para familiarizar al investigador con un objeto que hasta el momento le era totalmente desconocido.


Estudio Descriptivo.
En este estudio, el investigador no tiene conclusiones muy específicas del fenómeno, sino que obtiene conocimiento del fenómeno ya que describe las características más importantes del mismo en cuanto a su frecuencia, aparición y desarrollo. Tiene dos divisiones:
a) Estudio de Variables independientes: su misión es observar y cuantificar la modificación de una o más características de un grupo, sin establecer relaciones entre esta, en ella no se formulan hipótesis y las variables aparecen enunciadas en los objetivos de investigación.

b) Investigación Correlacional: este tipo de estudio descriptivo tiene como finalidad determinar el grado de relación o asociación no causal existente entre dos o más variables. 
Estudio confirmatorio.
En este tipo de estudio el investigador no sólo conoce más a fondo el fenómeno que quiere investigar, sino que, además, ya posee una aproximación basada en el marco teórico y en los resultados de estudios previos. Su objetivo consiste en confirmar o rechazar una hipótesis o aproximación teórica y llegar a conclusiones generales con respecto a dicho fenómeno.


Otra clasificación, frecuente en los estudios  de metodología de las ciencias sociales, pero con un buen rango de amplitud para otras disciplinas, es la siguiente:
Estudio de Campo: Trata de estudiar de estudiar un determinado grupo de personas para conocer su estructura y sus relaciones sociales. Su principal característica, consiste en que se realiza en el medio natural que rodea al individuo y puede o no ser experimental.
Estudio de Encuesta. Se aplica a grupos numerosos de personas, es decir, a poblaciones y su objetivo es analizar las características psicológicas, económicas, políticas o sociales mediante métodos estadísticos.
Estudio experimental. En estos, el investigador ya ha establecido el problema concreto, tiene una hipótesis bien determinada y la forma de relación para explicarla. Por su interés, se divide en: a) Estudio de laboratorio, que se realiza en el interior de un recinto bajo un control estricto de las variables y b) Estudio de campo, similar al anterior, excepto que en lugar de un espacio cerrado, controla sus variables  en el ambiente natural donde estas se presentan.

Otra clasificación, con una tendencia centrada en la lógica del proceso de investigación, muy desarrollada en los estudios de ciencias sociales, es la que depende más bien del tiempo, es decir, si el estudio va a realizarse en un período de tiempo determinado (semanas, meses, años) o en un momento específico (Pick, Susan: 1992), por lo cual sería:
Longitudinal. Tipo de estudio, para el cual el objetivo principal a observar en el fenómeno es el tiempo, es decir, los resultados del fenómeno después de determinado período.
Transversal. Tipo de estudio que se interesa por un fenómeno en un momento determinado y específico, es decir, la actualidad o el presente del fenómeno a investigar.


Bibliografía
PICK, Susan y Ana Luisa López. Cómo investigar en ciencias sociales. Trillas. México, 1992.
TAMAYO y Tamayo, Mario. El proceso de la investigación científica. Limusa Noriega Edts. México, 1992.

LABORATORIO Núm.2

INSTRUCCIONES: Con apoyo de una biblioteca e internet, de acuerdo a las características de cada tipo de estudios, busca investigaciones y coloca en el comentario de la entrada de este blog, la que corresponda a cada tipo y los datos de la publicación. Por ejemplo:

Si es libro
Estudio: confirmatorio: Domínguez Ruvalcaba & Ravelo Blancas. Desmantelamiento de la ciudadanía. Políticas de terror en la frontera norte. CIESAS-UAM-Conacyt. México, 2011.

Si es publicación web:
Estudio exploratorio: Ramírez Ibarra, Ramón.El gótico, la arquitectura de las catedrales como síntesis tecnológica y cultural. Publicado en Revista Elementos - BUAP, ciencia y cultura. Núm.95 http://www.elementos.buap.mx/num95/pdf/23.pdf


domingo, 17 de agosto de 2014

Método de investigación científica, procesos y formas

por Ramón Ramírez Ibarra, PhD. 


Introducción
Una de las cualidades esenciales del ser humano es su tendencia a tratar de comprender y explicar el mundo que lo rodea buscando el sentido de las cosas. Esta capacidad innata, tendiente a la búsqueda de la verdad y la razón de ser de la existencia, constituye la motivación que ha impulsado al hombre a lograr el avance de la ciencia y la tecnología. Gracias a esta capacidad impulsada por su desarrollo cognitivo-antropológico, ha impulsado la creación de un orden sistemático para una actividad que ha reportado numerosas contribuciones al mejoramiento de la calidad de vida para la especie: la ciencia.

Una de las consecuencias de lograr un importante desarrollo científico se ha visto  en el mejoramiento de la tecnología que a su vez requiere cada vez más de nuevas técnicas y procesos sistemáticos para intervenir y transformar la realidad. En esta perspectiva, la metodología de la investigación se constituye como esa búsqueda de un orden sistemático, regular y normado mediante el cual se busca intervenir con efectividad en la naturaleza o la sociedad. 
Así, en virtud de este orden, pero, sin caer en una actitud sustancialista que el sociólogo Pierre Bordieu distingue como la actitud que lleva a ciertos individuos o grupos en algunos  momentos a creer que sus actividades poseen propiedades sustanciales inscritas en esencias (Bordieu, 2011:27), es decir, que son prácticas que significan y valen lo mismo en toda época y circunstancia, quisiera brindar una breve revisión de las características del proceso de investigación científicas partiendo de una síntesis de las diferentes propuestas de varios autores.

1.1. La investigación


La    La mayor parte de los autores en la cuestión metodológica sostienen como acuerdo tácito considerar a  la investigación científica como una serie de etapas a través de las cuales se busca el conocimiento mediante la aplicación de ciertos métodos y principios.  En este sentido, toda investigación científica requiere delinear  las distintas etapas de su recorrido, identificando cada uno de los pasos y procedimientos de manera que pueda regresar a ellos si el proceso marcha en otra dirección o requiere volver a revisar sus resultados.
E     Las siguientes son las características metodológicas de una investigación que delinean los procesos o pasos con  los que se acercará al fenómeno, hecho o situación convertida en objeto de estudio:

a)    a) Acervo de información. Todo investigador reúne suficientes datos sobre la problemática que desea estudiar a fin de conformar un marco teórico de referencia o cuerpo de conocimientos, es decir, el conjunto de conocimientos científicos sobre determinado tema o  parcela de la realidad que será su objeto de estudio.
b)    b) Sistematicidad. Parte de un plan en el que se formulan el problema y la hipótesis, se recopilan datos y se ordena la información con orden. A partir de este punto es posible el planteamiento del problema científico.
c)    c) Objetividad y lógica. Desde la perspectiva de filósofos de la ciencia como Mario Bunge, la investigación debe describir y explicar los fenómenos, eliminando criterios subjetivos y basándose en el método científico, además de utilizar todas las pruebas y recursos necesarios para el control de la validez y fiabilidad de los datos obtenidos.
d)    d) Fundamento analítico. Se caracteriza por tres vertientes: d1) Delimitación del objeto de conocimiento. Al explicar las causas o razones de fenómenos específicos, la investigación debe enfocarse a temas delimitados con precisión. d2) Enfoque sistemático. Los datos del fenómeno por investigar, que inicialmente se encuentran dispersos, se integran, mediante el proceso de investigación, en un todo con sentido y significado. d3) Fundamentación en la metodología. La investigación científica siempre se vale del método y la técnica.
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       1.2. Objetivos de la investigación científica

        El objetivo primordial de una investigación científica es la descripción, explicación y predicción de la conducta de los fenómenos, es decir, la búsqueda de nuevos conocimientos para entender una problemática o situación, o bien su resolución gracias a la creación de una tecnología específica de intervención.
P      Uno de los principales intereses que motivan la investigación  científica es, a grandes rasgos, el impacto social que sus  resultados pueden ocasionar. Entre sus principales objetivos es  posible identificar los siguientes:

 a) Extender y desarrollar los conocimientos de un tema.
 b) Profundizar y precisar acerca de tesis o argumentos científicos.
 c) Implementar los conocimientos adquiridos en el diseño de una investigación.
 d) Encontrar el sentido ultimo de los fenómenos de la naturaleza y de la sociedad mediante la integración de teorías ya existentes.
 e) Establecer principios generales para ofrecer solución a problemas prácticos.
 f) Descubrir los factores centrales en relación con un problema.

1.3. Dimensiones de la investigación

Los alcances de una intervención científica muchas veces vienen determinados por la relación entre los objetivos con las fuentes y el manejo de la información. En el interesante estudio divulgativo Metodología de la investigación, Gómez Bastar (2012) acopia los siguientes: 

 a) Por fuente de obtención de datos.También se denomina documental, es la dimensión de la investigación que considera todo tipo de documento que contenga información fidedigna; sin ninguna alteración o distorsionada para algunos fines específicos.
   b) A profundidad. Es la investigación que se realiza cuando el objetivo consiste principalmente en  examinar un tema poco estudiado, y se desea, como su nombre lo indica, profundizar en sus propiedades, aspectos, elementos, características y rasgos  propios del fenómeno de estudio.
   c) De extensión. Esta dimensión de la investigación se refiere al estudio que implica el cálculo verdadero de la población en el territorio de estudio; se realiza de tal modo que contempla la realidad de la población del universo estudiado; por ello, el caso debe ser bastante representativo, ya que estas investigaciones generan teorías generalizables.
  d) Por medición. Esta dimensión es sencilla, porque se refiere a ser cuantitativa o cualitativa, o también puede ser mixta, es decir tanto cualitativa como cuantitativa.
  e) Por su manejo de variables. Es el estudio que presenta la propiedad de tener una variación que se puede medir u observar, esto dependerá de las necesidades de la investigación.
  f) Por objetivo. Este estudio estará determinado de acuerdo al uso que se le dará a los resultados de la información.

1.4. Métodos generales o formas de investigación

Estos métodos representan principalmente la forma lógica adoptada por el investigador a la hora de intentar explicar o comprender su fenómeno analizado, en su acepción tradicional pueden ser los siguientes:

a) Método o forma deductiva: Este método, a diferencia del inductivo, es el procedimiento racional que va de lo general a lo particular. Posee la característica de que las conclusiones de la deducción son verdaderas, si las premisas de las que se originan también lo son. Por lo tanto, todo pensamiento deductivo nos conduce de lo general a lo particular. De este modo, si un fenómeno se ha comprobado para un determinado conjunto de personas, se puede inferir que tal fenómeno se aplica a uno de estos individuos.

b) Método o forma inductiva: El método inductivo, es un procedimiento que va de lo individual a lo general, además de ser un procedimiento de sistematización que, a partir de resultados particulares, intenta encontrar posibles relaciones generales. De manera textual “es el razonamiento que partiendo de casos particulares se eleva a conocimientos generales; o, también, razonamiento mediante el cual pasamos del conocimiento de un determinado grado de generalización a un nuevo conocimiento de mayor grado de generalización que el anterior” (Stan,1999:58).

c) Método analítico: Este método “consiste en la extracción de las partes de un todo, con el objeto de estudiarlas y examinarlas por separado, para ver, por ejemplo, las relaciones entre éstas” (Abbagnano, 2004 :59). Es un método de investigación, que consiste en descomponer el todo en sus partes, con el único fin de observar la naturaleza y los efectos del fenómeno. 

d) Método sintético: Su principal objetivo es lograr una síntesis de lo investigado; por lo tanto, posee un carácter progresivo, intenta formular una teoría para unificar los diversos elementos del fenómeno estudiado; a su vez, el método sintético es un proceso de razonamiento que reconstruye un todo, considerando lo realizado en el método analítico (Gómez, 2012:16) .

Si bien en su acepción de ciencia en un sentido normativo, estos métodos ligados a formas de razonamiento lógico poseen un innegable poder explicativo del cual habla perfectamente su utilidad académica y de comunidad científica de tipo positivista, también es posible identificar gracias al auge de nuevos paradigmas como los sistemas complejos, otros dos métodos o formas metodológicas que serían:

e     e) Heurística: impulsado por el matemático Georg Polya en 1957, este método está emparentado con la inducción, pero se concentra en las estrategias vistas desde lo empírico con la finalidad de crear soluciones en términos procedimentales, no por axiomas o reglas demostrativas rígidas. Como método científico opera con principios, reglas y estrategias enfocadas en el hallazgo.

d)  f) Transdiciplinario: es un método que persigue una forma de organización de los conocimientos más allá de las disciplinas en su forma profesional específica. Hace énfasis  en lo que está entre las disciplinas, lo que las atraviesa a todas y en lo que está más allá de ellas; buscando un cuerpo de conocimiento integral.

 Bibliografía
ABBAGNANO, Nicolai. Diccionario de Filosofía. FCE. México, 2004.
BORDIEU, Pierre. Capital cultural, escuela y espacio social. Siglo XXI, México, 2011.
GÓMEZ, Bastar Sergio. Metodología de la investigación. Red Tercer Milenio. México, 2012.
MUNCH Lourdes y Ernesto Ángeles. Métodos y técnicas de investigación. Trillas. México, 2002.
TECLA, Alfredo y Garza, Alberto. Teoría, métodos y técnicas de la investigación social. Ediciones de Cultura Popular, México, 1979.
PRECIADO, Cariño Susana. Métodos de Investigación I. Limusa Noriega Editores. México, 2004.






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sábado, 1 de mayo de 2010

El gótico, la arquitectura de las catedrales como síntesis cultural

por Ramòn Ramìrez Ibarra

La arquitectura gótica es una de las manifestaciones más nítidas de todos los cambios sociales, económicos y culturales que acompañaron el período que va del siglo XI al XV, es decir, la baja Edad Media. El retorno de las ciudades como núcleos de concentración mercantil y demográfica, se expresó por medio de un crecimiento desconocido en quinientos años, lo que posibilitó la creación de centros urbanos que respondían a necesidades distintas a la mera ocupación y adaptación de los antiguos espacios romanos, y en consecuencia, movidos por necesidades nuevas se implementaron formas y trazas que son un reflejo de estas circunstancias.
Sin embargo, la antigua idea romana de ordenamiento permaneció en estas ciudades y bajo la idea de cristianización, el corazón de las ciudades antiguas formado a partir de la relación foro-templo-gobierno, se transforma en plaza-iglesia y ayuntamientos. A partir de entonces, el mayor símbolo o emblema de esta cristianización con forma de ciudad, será sin duda la catedral. Por ello, en la arquitectura gótica, cuyo principal exponente es el edificio religioso, se conjugan muchos de los elementos más importantes que caracterizaron a este período (s.XI-XV) en lo espiritual, económico, político e incluso, tecnológico.
Decía Lionello Venturi, el célebre crítico de arte un poco a manera de reproche, que el Medievo no poseía ni una teoría ni una crítica de arte, por lo cual hay una abundancia de esbozos de estética mística, tratados de óptica o alguno que otro inventario iconográfico. (1979,71). El arte medieval según Venturi, movido por un fin espiritual no exigía la reflexión teórica para desarrollarse sino que los modelos técnicos e iconográficos, así como los principios de óptica constituían simples informes para que los artistas pudieran realizar su actividad.
Si retomamos algunas ideas importantes que han surgido acerca de la historiografía del arte, es decir, el conjunto de textos agrupados en torno a las maneras en que se ha escrito y leído sobre arte en diferentes épocas, enseguida podremos darnos cuenta que la producción de textos sobre un determinado tema en las culturas orales como la del siglo XII-XIII donde se gesta el estilo gótico, no tiene relación con las dinámicas de escribir y leer de nuestro tiempo, pues en las culturas de manuscrito —como la medieval— con cada copia reproducida se daba una gran inversión de tiempo y esfuerzo cambiando constantemente los roles del círculo de comunicación. Para un productor de manuscrito medieval con copias de mano en mano, hay muchas abreviaturas y acotaciones que no son para facilitar la lectura sino para ayudar al copista a desempeñar mejor su trabajo. La obra medieval es una construcción colectiva. (Ong:1987,22).
A diferencia de una postura que busque afirmar la identidad del concepto de arte, por medio de la producción de textos y la afirmación institucional de éste —situación que se da por lo común en las recepciones y construcciones de museos y galerías— optamos por recordar que la cultura impresa tardó un buen tiempo en imponer su lógica de producción del libro y por lo tanto, gradualmente pasamos a conocer desde la noción de un autor en forma individualizada (en el Renacimiento del S.XVI) hasta la organización espacial y conceptual temática (Enciclopedismo, s.XVIII) y por supuesto, la producción industrial orientada al consumidor (s.XIX-XX). Incluso, en la actualidad hablamos de una dinámica hipertextual orientada a una continuidad de enlaces e informaciones simultáneas.
Este breve paréntesis me permite poner en guardia al lector, sobre la postura que pretendo sostener en este texto: la necesidad de entender la arquitectura de la Edad Media como una actividad en la cual toda una cultura expresa sus elementos más característicos y significativos tanto en ideas como en dispositivos materiales y tecnológicos. En pocas palabras, el papel que desempeñaba una edificación gótica guardaba para la gente de ese tiempo un significado que podría ser bastante parecido a nuestra propia relación de expectativas con la televisión en el siglo XX o el internet en la era digital. Ambas colocan en el centro de cualquier reflexión el problema de la figuración.
La cuestión puede parecer vacía a un crítico orientado por criterios maximalistas, pero a diferencia de aislar el discurso estético como una categoría autónoma e individualizada, en la Edad Media es imposible separar una obra de arte por medio de su expresión formal, ya que las obras son una totalidad. En el mismo rango, la arquitectura catedralicia representada en el estilo gótico no puede entenderse dentro de un esquema de análisis funcional sin tomar en cuenta el contexto de producción.


El gótico como expresión urbana, educativa y tecnológica
De la misma forma que el entendimiento de una vidriería gótica no se puede sostener como pintura formal, es decir, una representación individualizada a partir de su aislamiento textual, la expresión gótica indica su función de elemento dentro del entorno: la propia catedral, que conjuga diferentes convenciones y normas de relación, tanto para la ciudad como sus habitantes y los propios subtextos que la conforman. El primero de ellos, es su significado social, pues menciona Georges Duby que la catedral es una iglesia urbana, lo que significa, ante Europa el despertar de las ciudades” (2007:85).
Este renacimiento urbano, ve representado en la iglesia del obispo, situado en cada ciudad y en comunidad con el resto de la cultura, una intrìncada red de producciòn comercial y artesanal que permitiò una nueva monetarizaciòn de la economìa y un factor de unidad para vidrieros, curtidores, picapedreros, pero tambièn para otros comerciantes y mercaderes de telas o joyas que aprovechaban las fiestas en torno al conjunto urbano o bien, tomaban la catedral como un autèntico lugar de reuniòn civil, ademàs de su funciòn religiosa. La catedral consolida la identidad urbana frente al modo de vida agrario sostenido por el feudalismo.
Dentro de este significado social de la catedral, tambièn se encontraba su funciòn pedagògica, pues al ser definida como una iglesia episcopal, se recalca su atribuciòn de vigilia y enseñanza de los dogmas eclesiàsticos, aquellos expresados por el obispo desde el trono diocesano para sus fieles, convirtiendose en el lugar de la càtedra (R.Soto, 1943:28).
El tercer elemento social que hace posible las construcciones catedralicias en el estilo gòtico, es la ciencia y la tecnologìa de la època. Sus sistemas astrònomicos tuvieron una mezcla de saberes legados por Platòn, Aristòteles y Ptolomeo. Para la Baja Edad Media, este ùltimo gozaba de buena popularidad en los cìrculos intelectuales gracias a sus teorìas del excèntrico movil y el epiciclo. El primero postulaba la existencia de un punto que coordinaba el movimiento de los planetas entre la tierra y el sol desde la inmovilidad fija y central de la tierra. No resulta extraño entender la catedral considerando su inserciòn centralizada en la ciudad mediante la abstracciòn de la luz y la visiòn hacia el cielo por parte del espectador, de manera que refrenda el aspecto simbòlico que reserva al edificio la mejor manera de comprender la expresiòn geocèntrica que orientaba a esta cultura en su representaciòn del universo. La catedral es una mediaciòn frente al cosmos, un punto fijo que consolida una forma unànime de entrar en contacto con el mundo sin necesidad de un reconocimiento de la naturaleza.

Otra disciplina que presentò mucha producciòn en la època fue la Òptica ya que en ella se expresaba con mucha nitidez la enseñanza teològica presente en San Agustìn y la filosofìa neoplatònica acerca de la luz como “gracia divina” impactando a tratadistas del medievo como Robert Grosseteste (1175-1253) que consideraban que la analogìa entre la luz y la verdad soportaba un tratamiento matemàtico a fin de entender el mundo fisico (Crombie, 1959). Con la influencia de la filosofìa aristòtelica y los pensadores àrabes como Avicena y Averroes, la òptica se convierte en una de las disciplinas màs populares ya que hace del entendimiento de la actividad de la luz, una fuente privilegiada para entender causas fìsicas y la lìnea emprendida por Grosetesta es retomada por Roger Bacon, Witelio y Pecham .
La geometrìa de la època tambièn reconoce esa fuerte inclinaciòn al estudio òptico. A pesar de que la luz en la iglesia, considerada en un aspecto puramente simbòlico en Suger, no es el depositario directo del saber acumulado en los tratados, con el paso del tiempo es notable la transformaciòn que experimenta en su distribuciòn interna en las diversas regiones y edificios, lo cual si nos indica la evoluciòn que se gesta tambièn en la tratadìstica que tiende a una ontologìa de la luz como sìntesis formal en la obra del mencionado Grosseteste o en San Alberto Magno (1206-1280). Gòmez & Mongi distinguen con bastante elocuencia la forma en que la catedral termina por expresar sintèticamente el saber astronòmico, òptico y geometrico de la època:

“Es una arquitectura que opera por valores lineales:todos los volùmenes parecen haberse reducido a lìneas. Sin duda esta estructura visual fue lograda por un sometimiento total a las leyes de la geometrìa. La aplicaciòn de tales principios proporciona estabilidad constructiva y determina su aspecto estètico. Coincide una tècnica de ejecuciòn perfecta y una nueva valoraciòn del sistema tectònico. Y por primera vez en la arquitectura sacra, el hombre se siente eyectado a lo còsmico” (1996:501-502).


Otra fuente importante, en el contexto de las catedrales, fue sin duda la mecànica, que hasta el siglo XIII procedìa casi en su totalidad del contenido de la Fìsica de Aristòteles. La fuerza de la gravedad y la ligereza eran los conceptos centrales de esta mecànica medieval, la cual permitiò el reconocimiento de dos fuerzas motrices, una gravedad natural (hacia abajo) y una fuerza horizontal “violenta” de proyecciòn. Estas ideas posibilitaron un conocimiento extenso acerca del uso de la inclincaciòn y aplicaciones pràcticas a travès de palancas y poleas que fueron sin duda artefactos muy importantes en el proceso de construcciòn.

La expresión científica bajomedieval de las catedrales, se nutría cada vez más de una mentalidad urbana que si bien hundía sus raíces en la metafísica, también daba cuenta de un racionalismo, en el sentido de que los seres individuales reclamaban ya su intervención en las realidades existentes, ya que se distinguía pensamiento y cognición como sucedió con la corriente filosófica llamada nominalismo (Kluckert, 2004).
La misma filosofía de Santo Tomás, desarrolló y extendió esta idea de que el hombre es al mismo tiempo, ser pensante y cognoscente, lo que significaba que la manera de llegar a Dios, a diferencia de una idea pasiva —contemplativa—de conseguir la inmortalidad ultra terrena como en la Ciudad de Dios de San Agustín, era partiendo de una armonía entre fe y razón (Jimènez, 2007).
Esa armonía surgida de la actividad intelectiva, indicaba que la persona no es un ideal a conseguirse en el tránsito de la vida material a la verdad de una Jerusalén celestial, apostaba por definir una persona como individuo capaz de razonar. El individuo es una sustancia racional, por lo tanto, la comprensión de las verdades de la fe estaba no en el retiro o una propedéutica para el fin de los tiempos, sino desde la perfección del hombre a la luz de la razón.


La conexión con Averroes y su noética es nítida ya que este sostenía una noción del intelecto en cuatro causas cuya finalidad se dirige a la concreción: la universalidad en la cual hay unión absoluta entre hombre e intelecto. Por lo tanto el intelecto es activo y común a todos los hombres. Pero ese común entender tenía las reservas propias del límite establecido en las sagradas escrituras, la ley. Obviamente, esta racionalidad discrepa de la idea moderna que tiende a poner el conocimiento como medio para llegar a la verdad en el hombre (antropología), pues lo que buscaba, más bien era ofrecer una vía de salvación a los hombres mediante su entendimiento de las verdades de la fe (teología).

El reconocimiento de la actividad del intelecto en la comprensión de la fe, llevaba incluso al desarrollo de otro fenómeno de suma importancia asociado a las catedrales, las escuelas. Las escuelas catedralicias, fueron los detonantes de una vasta red pedagógica que tuvo que extenderse dado que el obispo no pudo con todas las actividades de difusión. En poco tiempo, estas escuelas, que se diferenciaban radicalmente de los monasterios donde también se estudiaba pero en claustro, se convirtieron en centros de investigación y creación artística por medio de ciclos de estudios, talleres, maestros y libros (Duby, 2007:92).

Las escuelas catedralicias en la Baja Edad Media, fueron un fuerte rival de las universidades, y en ocasiones el origen de algunas, como ilustra el célebre caso de la Universidad de París, en la cual un cuerpo de profesores de la escuela de Notre Dame que daban lecciones extra, se reunieron como gremio, formando esta universidad reconocida poco tiempo después por el propio rey francés Felipe. La catedral como contexto social, expresaba una tendencia tanto de la vida urbana como de las necesidades científicas y educativas de la época.

La catedral gótica como forma en sí

A nivel de lenguaje estético, las catedrales son edificaciones sumamente interesantes, pues su composición revela una totalidad textual dentro de la cual cada elemento sirve de enlace para un telos común: el mensaje de la fe por medio de la luz, el color, los espacios y agrupamientos reforzados por el despliegue del ornato y la distribución de juegos escultóricos y pictóricos.
Cada uno de ellos tiene una síntesis que expresa la magistral armonía entre construcción, ilusión, racionalidad y teología (Binding, 1995), que es una clara muestra de un arte con fines propagandísticos pero que también establece la particularidad del contacto cultural y las tensiones políticas surgidas de los desencuentros entre los poderes seculares y religiosos. Lo mismo que manifestaciones de lo profano y sagrado.

El sistema de representación gótica es esencialmente arquitectónico y al igual que sucedió con la influencia legada por el pensamiento filosófico árabe (Avicena, Averroes) a Occidente, también encontramos la ojiva procedente de templos y construcciones de medio oriente—posiblemente llevada por los cruzados a Europa— como uno de los elementos más importantes que permite diferenciar su estilo de su pariente más próximo que era el románico. Por tanto, parece no ser fortuito el hecho de que el abad Suger fuera el mentor de los reyes franceses que fueron a la Segunda Cruzada, quiénes a su vez serían los principales promotores del nuevo estilo. En ese momento una nueva forma de expresar los saberes intelectuales y la necesidad de afirmación de los gobiernos, junto al estudio del abovedamiento revelaban una importante conexión histórica y social.

La catedral gótica se finca en un lenguaje abstracto donde la arquitectura y la ornamentaciòn cumplen con la voluntad de la forma (Worringer, 1967:75). Esta voluntad formal rompe con la tendencia expresiva clàsica insipirada en la naturaleza y lo orgànico de la misma. Por ello, el arco de medio punto, tan caracterìstico del lenguaje clasìco, asì como la bòveda redonda, se transforman en arcos y bòvedas ojivales que marcan una tendencia hacia la verticalidad.

Esta tendencia es innovadora en Occidente ya que permite identificar el primer racionalismo abstracto en la arquitectura, sostenido por la actividad estructural del edificio. Para las arquitecturas de piedra, aùn en el lenguaje clàsico, no habìa existido una negaciòn del propio material de construcciòn, es decir, la pesadez de la piedra, aùn en construcciones magnìficas y plenas de innovaciones artìsticas como los templos griegos y romanos, seguìa siendo el foco de atenciòn por la relaciòn entre carga y peso, mediada por muros y columnas.
En la arquitectura gòtica, las masas de muros se ven adelagazadas y ven ceder su funciòn estructural en razòn de arbotantes y entramados de madera. La relaciòn entre carga y peso se percibe de manera intangible gracias a la articulaciòn que la canterìa hace evidente en el aligeramiento exterior. La catedral erguida y en movimiento hacia el cielo irrumpe en el desorganizado paisaje de las antiguas ciudades medievales: es un elemento de control y perfecciòn, un sìmbolo de la transformaciòn a la que toda la comunidad podìa aspirar siempre y cuando estuviera dispuesta a ser iluminada por la razòn. Es una invitaciòn a participar dentro de un proceso cognoscitivo-simbòlico. Esto se remataba con la ilustraciòn de paràbolas de imagenes en los vitrales y las advertencias acerca de los peligros de una conducta pecaminosa o rebelede hasta escenas evangèlicas por medio de la simbologìa animal.
En los interiores, el juego ornamental que invitaba al espectador al desciframiento de las tracerìas en ventanales, se conjuga con la insistente visiòn de la luz, donde la filtraciòn se revela como promotor de diversos mensajes en los vitrales que al contacto luminoso, en tonos brillantes, creaban un ambiente de misticismo y contemplaciòn. En los interiores es donde se puede percibir el cumplimiento de su funciòn episcopal con el reformismo iconoclasta que viene del neoplatonismo, sobre todo inspirado en el Pseudo Dioniso, mejor conocido como Dionisio el Areopagita, o que se pensaba que era este personaje ya convertido en San Dionisio el famoso apòstol de las Galias, compañero de San Pablo y que a travès de un grupo de textos apòcrifos sirviera de inspiraciòn para la reforma de Saint Denis por el abad Suger. El interior de la construcciòn gòtica refleja un orden basado en la unidad mìstica de la luz como fenòmeno sobreesencial de la forma (Maderuelo, 2005:79).

El gòtico como expresiòn cultural

A nivel de representaciòn formal, podemos encontrar que el èxito de este estilo, motivò a la adopciòn del mismo de manera generalizada en Europa, pero tambièn esta recepciòn, se encuentra mediada por el contacto regional y su incursiòn. Por lo comùn, Francia se ubica como el primer paìs que presentò catedrales de este estilo, ya que importantes tratadistas y arquitectos como Viollet le Duc sitùan la abadìa de Saint Denis, tumba de los reyes de Francia, como la primera manifestaciòn gòtica en el 1127 (Soto, 1943:14).
Saint Denis, se transformó de una simple abadía en un auténtico parteaguas artístico y constructivo, por medio de la intervención de su abad, Suger, que gracias al significado que tenía como monumento para los reyes franceses, contó con la economía necesaria para ensayar una combinación estratégica que sería la principal característica de su fórmula: lo nuevo y lo viejo en una totalidad arquitectónica. La política real, facultó su extensión al territorio francés y otras ciudades no tardaron en experimentar para concretar ese nuevo estilo: Reims (1161), Senlis (1191), Laon (1160-1200) y las muestras más maduras y logradas en las Notre Dame de Chartres, Amiens y París.
Ya para el siglo XIII el gótico es un estilo internacional con diversas recepciones como en Inglaterra, donde se relaciona muy estrechamente con la cultura local provocando una recepción muy particular, lo mismo que en España a través del encuentro y desencuentro con el mundo árabe o en los Países Bajos donde incluso se lleva a la construcción civil. Mientras que en los países de lengua alemana, su aparición es hasta finales del siglo XIII e incluso penetra hasta el siglo XIV a Italia, por motivos políticos y de identidad social ya que se le veía como una expresión cultural francesa en oposición directa a la plasticidad exuberante y el paisaje natural promocionado por los mecenas florentinos. Aunque como dato curioso sea, en este último país, donde se encuentra la representación gótica de mayor envergadura en cuanto a volumen (11,000 m2), la catedral de Milán.
A través de la arquitectura gótica, el estilo del tiempo de las catedrales, es posible observar ese complejo fenómeno histórico y social denominado, a veces con una actitud bastante artera Edad Media, como si en dicha época una sociedad hubiera guardado silencio —dentro de una etapa intermedia entre la gloria del pasado y el renacer de la ciencia y la cultura— refugiada en una iglesia oscura y decadente, sin expresar letras, arte, música o ideas.


Bibliografìa

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martes, 30 de marzo de 2010

Arte, cultura y arquitectura en la Alta Edad Media

por Ramòn Ramìrez Ibarra


i bien la caída definitiva de Roma se da en el siglo V, poco antes de ese momento fue posible experimentar algunos elementos que darían origen a la muy particular fisionomía presentada por el arte occidental de los siglos V – X. En realidad ya en el siglo III comienzan a delinearse las formas que caracterizarán al arte de la Alta Edad Media, a través de la expresión que desarrollan las primeras comunidades cristianas, y que más tarde(s. IV) es el arte protegido y realizado por orden de la iglesia.

Este período de experimentación nació en la cultura cristiana dentro de la Roma imperial, con sus políticas de exclusión y agresividad a los grupos subalternos como judíos y cristianos. Las leyes romanas prohibían enterrar muertos dentro de la ciudad por lo cual éstos últimos comenzaron a excavar en el subsuelo de Roma largas galerías, donde las familias cristianas —las ricas en su mayoría— construían auténticos cementerios donde los difuntos esperaban la resurrección.

Esta costumbre se prolongó sólo hasta la consolidación del Edicto de Milàn (313), casi al terminar el siglo IV y dejó una herencia artística muy interesante en dichas galerías llamadas catacumbas, en material escultórico e iconográfico que los investigadores del fenómeno llaman arte paleocristiano. (Palol:1976).
Para la pintura hay pocos elementos estilísticos y técnicos de innovación, pues es básicamente romano en su representación, el ornato de las tumbas en cambio es una expresión de las ideas y sentimientos de una cultura que en ese momento se encontraba llevando a cabo su culto en la clandestinidad.
Esa situación no duró tanto tiempo como algunos historiadores exégetas del catolicismo aparentan en sus relatos, pues Constantino bajo una política proteccionista en la cual deposita las expectativas de orden y control en una gobernanza teocrática (iglesia), emprende un proyecto de monumentalizarían basándose en los ideales de la antigüedad helenística, con lo que vemos surgir la máxima expresión sintética del arte cristiano de ese tiempo: la basílica, que era una referencia de Cristo como basileus, es decir, rey en griego.
El principal depositario de la naciente cristiandad va a ser la arquitectura, pues hay desde la adaptación de antiguos templos paganos a necesidades eclesiásticas hasta basílicas nuevas con tres naves, aunque sin las bóvedas monumentales romanas.

Hasta aquí podemos hablar de una separación que se gesta entre la representación artística de oriente y occidente, pues las invasiones bárbaras (germanos y hunos) vinieron a colapsar las instituciones de occidente mientras la amenaza sasánida sacudía al oriente. Sin embargo, este último resistió y Bizancio se erigió como el último bastión de una cultura romana que en realidad expresaba un sincretismo entre las instituciones paganas, la religiosidad cristiana y la cultura del medio oriente. Y no sólo eso, sino que limitó y acorraló la posibilidad de una totalidad de dominio militar germánico.

Mientras en Occidente, los hunos que eran nómadas y perseguían el pillaje y saqueo de los antiguos centros romanos no dejaron una huella en la fragmentación y aculturación de la zona más que por la vía militar directa, los germanos, de tendencia sedentaria, además de botín y tributos, buscaban tierras donde asentarse, situación que algunos historiadores han denominado como la verdadera causa de la caída del imperio romano: las migraciones interiores. Por ello hubo más de 100 pactos efectuados entre el imperio y las tribus bárbaras en un lapso de 80 años, entre el 395 y el 476, (Maier:1975,126)

No pasó mucho tiempo para que se comenzara a hablar de estados germánicos, reinos tribales que por conveniencia política, estabilidad territorial y deseo de poder, coexisten con tres elementos clave del antiguo pasado de la zona: la institucionalidad romana como garantía de legitimidad, la cristianización como expresión de civilización y la fragmentación cultural sujeta a un control hegemónico.
La Alta Edad Media es la época en la cual se suceden continuos movimientos migratorios y de asentamiento, en el cual las tribus germánicas son el artífice para el mantenimiento de otras oleadas migratorias que terminarían por detonar un aumento demográfico que llevó al resurgimiento de las ciudades. (Elias:1994,282). Pero, antes de llegar a esta época hablamos de un proceso de aculturación regional que abarcó las antiguas zonas romanas desde España (Vandalos, suevos y visigodos) hasta Inglaterra (Anglosajones), Francia (Visigodos, burgundios), Italia (Ostrogodos) y Alemania (Francos). Al final, el único superviviente claro, fueron los reinos francos que se unificaron a través de los merovingios y luego, bajo Carlomagno.

Como en todo proceso de aculturación regional, el arte presenta características distintivas en pequeñas zonas geográficas, además de permitir su identificación con el contexto cultural en el cual se desarrolla. A este arte, surgido de entornos de inestabilidad política, guerras y reordenamientos territoriales entre el siglo V y X occidental, muchos especialistas le denominan “prerrománico” como una manera de brindar una síntesis general para una tarea bastante difícil de sostener de manera unificada. (Calders:1980, 147).


Arte Prerrománico
El arte prerrománico se puede entender como la forma de expresión simbólica y artística de una gran variedad de pueblos tras la caída definitiva de la Roma imperial. Abarca desde las primeras manifestaciones pictóricas, iconográficas, escultóricas y arquitectónicas de los grupos germanos asentados en los territorios romanos en un lapso de cuatrocientos años y termina con el surgimiento de abadías y monasterios que son el núcleo central de la cristiandad a finales del siglo X.

El prerrománico es un precursor del románico en el sentido de que rinde testimonio del proceso sincrético tanto político como religioso que viven los pueblos germanos hasta antes de los intentos de unificación imperial germana que impulsan estilos con la misión específica de contribuir a la contención de una nueva oleada de migración, de la cual ahora, en el año mil, son la fuerza de contención.

Los pueblos godos formaron una de las ramas más importantes de los pueblos bárbaros con una larga tradición de convivencia con los romanos y su división generó también una particular muestra de arte según su región. Los ostrogodos fueron los godos que se asentaron en Italia procedentes del Este, a ellos se debe la conservación de muchas obras de arte y arquitectura de Roma ya que fueron objeto de restauración por parte de sus reyes cuando estuvieron ahí. Su enemigo principal en realidad fueron siempre los hunos y con base en acuerdos con el emperador bizantino Zenón derrotaron a estos casi de inmediato a la toma de Roma por Odoacro.
Tras un breve período de forcejeos con Justiniano el emperador bizantino fueron definitivamente derrotados por el Imperio Bizantino, con el paso del tiempo fueron asimilados por otros grupos que se asentaron en Italia y principalmente por los francos. Además de la restauración de las obras romanas dejaron dos muestras artísticas que sobreviven a instancias de uno de sus reyes más importantes, Teodorico. Estas son procedentes de Ravena: su Mausoleo y la Basílica de Sant Apollinare Nuovo.

Los visigodos, procedentes del Oeste, se asentaron en la península ibérica y durante un buen tiempo gracias a los tratos con Roma se convirtieron en los principales defensores de las fronteras romanas. (PAL:1986,24). Fueron una importante fuerza de colonización y contención durante gran parte de la Edad Media, ya que poseían una cultura bastante romanizada, además de haber sido cristianizados en épocas tempranas pero en la doctrina arriana gracias al contacto cultural con Bizancio lo que fue motivo de choques constantes con los hispanorromanos católicos. Pero con el rey Recaredo (586-601), esta situación terminó dando lugar a la unificación religiosa, la cual sin embargo, no se vio reflejada en la lucha con los árabes que terminaron conquistando la península en el 711.
La cultura visigoda, si bien no fue una aportación distintiva en lo colectivo, si destaca en torno a una figura individual clave del pensamiento medieval: San Isidoro de Sevilla (560-636) que a través de sus Etimologías ejerció un importante legado educativo para Occidente. En su arquitectura, se destacó el uso del arco de herradura y la piedra como material constructivo, no sin quedar en evidencia los elementos diversos que componían la región, mezcla de influencias bizantinas, romanas y árabes. En la orfebrería, en cambio, es posible encontrar muestras más detalladas de su cultura en su línea de procedencia centroeuropea con adornos, coronas, broches y grabados en oro y piedras preciosas, aspecto más ligado a su propia identidad cultural que al sincretismo de la zona. Hacia el siglo VIII, el arte que definitivamente formó la síntesis prerromànica, fue el resultado de la primera tentativa de centralización del poder bajo los ideales de restauración romana, hablamos del arte impulsado por la reforma educativa de Carlomagno, es decir, el producto del renacimiento carolingio. Gracias a la recuperación de los manuales de la Antigüedad (como De architecture de Vitrubio) así como de expresiones tales como los Libros carolingios (790), la arquitectura se convierte en una de las artes más importantes en la cual se conjugan los intereses teóricos, religiosos y morales.(Nuñez y Perez:2003,34).

En un primer momento, la influencia bizantina se presentó en la mayoría de los templos e incluso llegó hasta el propio palacio de Carlomagno, del cual sólo sobrevive la capilla de Aquisgrán destinada a guardar sus restos. Pero, más tarde, bajo los otones, la arquitectura presentó una singular fisonomía que reflejaba la mezcla de los elementos clásicos y germánicos. Con Magdeburgo (955) la primera catedral suntuosa, iniciaba una serie de templos en Maguncia, Bamberg o Colonia que revelaban esta mixtura estilística en un solo lenguaje arquitectónico. La escultura no corrió con la misma suerte que la arquitectura y lo poco destacado se presentó como ornato arquitectónico por medio de capiteles y planchas con relieves. Pero el único rival del desarrollo de la arquitectura en el arte carolingio, en el sentido de producción y calidad estética, fueron las pinturas de los manuscritos, trabajo donde el miniaturista y el copista establecen labores de conjunto con una compleja técnica y no menor destreza representativa. Este interés en ilustrar los libros, coincide con el impulso educativo del renacimiento carolingio en la creación de abadías y monasterios —centros de enseñanza y difusión de la época— dentro de un auténtico proceso de reforma intelectual que inició el ciclo de reencuentros occidentales con los ideales de la cultura grecolatina.

Bibliografía

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Nuñez Rodrìguez Manuel y Teresa Perez Higuera. (2003). La Alta Edad Media y el islam. Dastin. Madrid, España.

PAL y varios. (1986). La Alta Edad Media. Bilbao.

Palol Pedro y varios. (1976). Historia del arte. Salvat Editores. Barcelona-México.